Pensaba que no iba a volver a pisar ese edificio, pero la necesidad era más grande que su orgullo, debía hablar personalmente con su socio. Llegó al apartamento número 160, su mano le temblaba de los nervios, pero debía tocar.
-‘‘¿Cómo reaccionaría él al verme’’? –Le entró la duda. Tenía ya dos meses sin verle la cara- ‘‘¿Será que aún me ama? ¿Me odia? ¿Se quiere vengar de mí o no quiere saber nada de mi persona?’’. De todas las preguntas la última le pareció más acertada; todos los mensajes si