CAPÍTULO SETENTA Y UNO

THOMAS

Mira a Melina mientras ella se acomoda en su silla. Está aliviado de que ella no le haya preguntado por qué tardó tanto en el almacén. No era algo que no pudiera decirle a Melina; él simplemente no quería molestarla con eso. Thomas sonríe mientras piensa en ello. Mira su encendedor y la sonrisa en su rostro se amplía. No podía pensar en una mejor manera de enviar al bastardo al infierno.

Hace unas horas

Thomas entra en el contenedor donde se encuentra James. La habitación tiene cubos, un
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