Una semana había pasado desde que Denzel regresó de su encuentro fallido con Estella. En todo ese tiempo, no había salido de su casa. Las persianas estaban cerradas, y el aire cargado del apartamento hablaba de un hombre sumido en su propio abismo. La pila de platos sucios en el fregadero, el desorden de ropa en el sofá y las botellas vacías que había acumulado desde los días más oscuros de su depresión reflejaban el estado de su mente.
No fue el alcohol esta vez lo que lo mantuvo en un estado