Tras pasada la euforia, la realidad golpeó a Estella, sintiendo vergüenza y algo de humillación por haber sido tan débil, empujó con suavidad a Denzel y soltó sus muslos de alrededor de la cintura de él.
—Espera un momento —pidió él, sacando un pañuelo de su bolsillo, sin decir nada más, con sumo cuidado limpió su entrepierna, haciendo que ella se sonrojase furiosamente.
—Gracias, pero no es necesario —dijo, afincando los pies en el suelo; por algún motivo, sus rodillas flaquearon y sus piernas