Julia y Ava
VALENTINE.
Me despierto muy desorientada al escuchar el llanto de mis hijos, abro los párpados y noto que estoy atada de manos y pie a una silla de metal que está fijada al suelo, porque me muevo y forcejeo con los amarres y esta no se tambalea siquiera un poco, no fue un sueño. Todo fue muy real y ahora mis hijos y yo estamos secuestrados, no me importa lo que suceda conmigo, solo deseo que ellos estén bien.
—¡Cállate, maldito niño! —Le grita la mi bebé la misma mujer que me secues