Jenna
Ni bien crucé la puerta de mí oficina fui directo hacia el escritorio en donde me senté lentamente mientras mí mente no terminaba de procesar lo que acababa de pasar. Ni siquiera me percaté de la presencia de Dina, la cuál estaba al teléfono mirándome perpleja desde su escritorio.
—Por la expresión de tu cara, supongo que ya viste a Hugo Montenegro —me dijo colgando el teléfono.
Ella se levantó de su asiento e inmediatamente vino hacia mí escritorio sentandose junto a mí.
Yo aún seguía en