Punto de vista de Miriam
—Siéntate.
La voz de mi padre no dejó lugar a discusiones en el momento en que entré en su oficina. Me había convocado sin darme explicaciones. Sea lo que sea esto… no puede ser bueno.
De mala gana, me dejé caer en una de las pulidas sillas para clientes frente a su escritorio. Una sola mirada a su rostro me bastó para saber que estaba furioso.
—Supongo que has leído las nuevas reglas de esta empresa.
Sus ojos se apartaron del monitor y se fijaron en mí.
—No. Nadie me d