—Rubí, tus problemas personales no están bajo mi control —dijo la maestra, con tono cortante—. Pero debes resolverlo tú misma. El director ha sido claro: si estos rumores siguen circulando antes de que inicien las clases, no se te permitirá regresar. Serás expulsada.
Y sin darle oportunidad de responder, la llamada se cortó. La maestra había colgado abruptamente, dejándola con el tono de ocupado resonando en su oído.
Rubí, irritada y frustrada, bajó el teléfono con brusquedad. Respiró hondo par