Era demasiado fácil de complacer.
Pero le gustaba.
-¿Qué más quieren? Díganmelo todo de una vez -dijo Marcus de repente. Para él, esto era un juego de niños.
Rubí se sorprendió un poco. Justo cuando estaba a punto de señalarle otro peluche que quería, se dio cuenta de algo y preguntó:
-Esposo, esta máquina... como jefe, ¿no ajustaste los parámetros para que pueda agarrar lo que quiera? -Rubí no era tonta; sabía que la máquina se podía ajustar.
Marcus extendió las manos, mostrando una expresión