No pudo evitar pensar en secreto que estas personas ricas realmente sabían cómo disfrutar de la vida, ya que ni siquiera en un elegante restaurante de barbacoa habría un ambiente tan agradable como aquel.
Al ver que las barbacoas estaban listas, Rubí tomó primero una brocheta no picante, la sopló para enfriarla y se la pasó a Dylan. Luego escogió una picante para ella. Al darle un mordisco, pudo notar que la carne estaba quemada por fuera, pero tierna por dentro, sin rastro alguno del olor fuer