—Marcus y Rubí han vuelto. Por aquí, por favor. La señora Maxwell ha llegado. Estaba preguntando por ti —dijo el ayuda de cámara con los ojos llorosos.
Marcus asintió.
—Bien, volvamos a tus asuntos. No quiero retenerte.
Sin dejar que la criada los ayudara, Marcus fue al zapatero y le trajo a Rubí un par de pantuflas blancas de cuero suave. Se puso en cuclillas para ayudarla a cambiarse los zapatos y luego tomó su mano de nuevo.
—Vayamos adentro.
—Está bien —asintió Rubí, intentando controlar la