Pero aunque Ethan había tenido sentimientos por ella, se enfureció al escuchar que Zoey pretendía hacerle daño a su madre.
—Si dejas ir a mi madre, nadie te hará daño —dijo Ethan con voz tensa, sujetándola del brazo. Su tono era gélido y su mandíbula estaba apretada por la rabia.
Zoey se quedó paralizada ante sus palabras. Luego lo miró con expresión salvaje y replicó:
—¿Qué dijiste? ¿Estás loco? ¿¡Ahora te importa más tu madre que yo!? ¿¡Escuchaste lo que Rubí quiere hacerme!?
—Te lo buscaste,