Rubí resopló, miró a Sabrina y dijo:
—Tus palabras son graciosas. ¿Le diste a mi madre tu hija? Si de verdad te sientes tan culpable, ¿por qué no viniste a decírselo antes? ¿Compensar con tu hija? No lo creo. Más bien parece que la trajiste aquí para divertirte.
Al escuchar esto, algunos ancianos miraron a Rubí con desaprobación y comentaron:
—No se puede confiar en las palabras de esa enfermera. No hablaré de otros asuntos, pero... no creo que esto pueda basarse en relatos unilaterales.
Rubí r