Luego abrió su puño con cuidado y rápidamente lo cubrió con la otra mano, como si protegiera un secreto muy valioso.
—Es el cabello de papá. Necesitamos hacer una prueba de ADN —dijo, mirándola con toda la seriedad que podía mostrar un niño pequeño.
Los ojos de Rubí brillaron de sorpresa al ver el mechón de cabello.
No lo podía creer.
Tras pensar unos segundos, sacó una pequeña caja de medicamentos de su bolso, colocó con cuidado el cabello dentro y sonrió.
—¡Danny, hiciste un gran trabajo!
Rub