“A veces, los buenos antecedentes familiares lo eran todo”, pensó Rubí con melancolía.
El príncipe podía casarse con Cenicienta… solo porque su padre era un duque. Sin un linaje noble, tal cuento de hadas jamás se habría contado.
—Siguen discutiendo; quién sabe cuánto les tomará —dijo Anna con resignación.
—No te preocupes, pronto se resolverá —respondió Rubí con una sonrisa tranquila.
Anna la miró sorprendida.
—Señora, usted…
—No es nada. Ve a tus tareas. Dylan y yo jugaremos un rato en la sal