Serena llegó a su auto, estacionado justo frente al café. Subió rápidamente, todavía llorando, con el rostro pálido y desencajado.
Sus manos temblaban tanto que falló varias veces al intentar encender el motor. Eso solo aumentaba su angustia.
Cuando finalmente logró arrancar, rompió en un llanto aún más desgarrador.
Antes de que pudiera avanzar, Noah golpeó la ventanilla.
—¡Serena, por favor, cálmate! Abre la puerta.
Serena lo ignoró, enfocada únicamente en alejarse de allí.
Noah sintió un dolo