Serena la miró fijamente y sonrió levemente. Su rostro, adornado con un maquillaje impecable, parecía aún más suave y hermoso bajo la luz. Por un instante, las preocupaciones de Rubí se disiparon.
—Ten la seguridad de que, sin importar si Dylan es mi hijo o no, nunca lo lastimaría. Es tan adorable… ¿cómo podría hacerle daño? —dijo Serena con un tono gentil.
Pero sus pensamientos eran completamente distintos.
Después de todo, él es mi hijo. No he estado a su lado desde que era un bebé.
Lo que qu