—¿Estás hablando en serio? —la voz al otro lado del teléfono sonaba entre incrédula y emocionada, cargada de una desesperación apenas contenida.
—Por supuesto —respondió Marcia con voz segura—. Además, tú eres la única persona que puede encargarse de esto.
—Entonces, dime qué necesitas que haga. Rápido.
Marcia apretó el teléfono con fuerza, una expresión sombría se dibujó en su rostro. Luego, susurró con malicia:
—Haz una visita a mi antigua casa… la que solía habitar. Y después…
…
Cuando Dylan