Las palabras del niño dejaron a Tobías y a Sabrina en silencio.
Rubí nunca había crecido con ellos; se habían perdido toda su infancia. ¿Cómo podrían saber algo tan simple y cotidiano?
Tobías miró al niño, que lo observaba con expectación, y durante unos segundos no supo qué responder. Finalmente, sonrió con ternura y dijo:
—Tu mamá tiene razón. Los niños no deben comer tantos dulces. Si lo haces, tus dientes se pondrán negros… y el chocolate podría impedirte crecer alto.
Dylan frunció el ceño.