Al escuchar esto, Weston frunció el ceño, y en su mirada se reflejó cierta simpatía.
—¿Sabes, Weston? Aprendí a observar a la gente desde que era niña. Sé lo que pasa por la mente de los demás, lo que piensa mi madre, lo que le gusta y lo que no. La expresión de su rostro no parecía fingida; realmente le agrada Rubí —dijo Zoey en voz baja.
—Entonces, ¿qué tal si le damos otra lección a Rubí? —sugirió Weston.
El golpe que Rubí había recibido esta vez había sido devastador, y le sería casi imposi