Rubí, impasible, se quitó el pañuelo que le cubría la cabeza. Miró directamente a los reporteros y, con una voz gélida y sin emoción, dijo:
—Adelante, tomen todas las fotos que quieran. Pero, por favor, déjenme ir después. Después de todo, aún estoy embarazada. Si algo me sucede, será su responsabilidad.
Sus palabras cayeron como un balde de agua fría. Por un momento, todo el grupo quedó en silencio; nadie se atrevió a acercarse más.
Entonces comenzaron los disparos verbales:
—Señorita Gibson,