Noah comprendió de inmediato que no quería que Emily supiera nada. Aunque las dos eran cercanas, Emily no era precisamente discreta.
A pesar de todo, Noah se sintió complacido: Rubí confiaba en él más que en nadie. Guardó las bolsas transparentes en su bolsillo con naturalidad y, aprovechando que Emily aún no regresaba, preguntó:
—¿De quién es el cabello?
—El que tiene una línea verde es mío. El que tiene la línea roja y verde… probablemente sea de mi madre biológica. Solo quiero confirmar si e