"...mi abuela no recibiría el antídoto."
Él frunció inmediatamente el ceño.
"¿Antídoto?"
"Para un veneno de acción lenta."
Las palabras apenas superaron un susurro.
"Envenenó a mi abuela, Alejandro."
La confesión hizo que su mandíbula se tensara.
Tras un breve silencio preguntó:
"¿Dónde está tu abue