Alejandro se quedó mirando el mensaje durante varios largos segundos, con los ojos pegados a la pantalla hasta que esta finalmente se atenuó.
Aun así, no se movió, congelado en su lugar por el mensaje frente a él.
Lo último que esperaba de Jimena después de lo que había hecho era que enviara un mensaje como este.
¿No tenía vergüenza ni conciencia?
Un músculo se tensó en su mandíbula.
Esa era una pregunta cuya respuesta ya conocía; después de todo, una mujer lo suficientemente descarada como par