Para Daniela, las mentiras siempre habían sido las píldoras más difíciles de tragar. Había tragado suficientes a lo largo de los años como para toda una vida.
De sus padres, de su hermana y de las personas que se suponía que debían amarla.
Y ahora, le estaban pidiendo que tragara otra más.
La realización dejó un sabor amargo en su boca.
Parpadeó una vez, luego dos veces antes de finalmente apartar la mirada.
Lo extraño era que no estaba enojada. Al menos no de la manera en que debería haberlo e