Daniela se quedó paralizada.
Por una fracción de segundo, su mente quedó completamente en blanco—las pestañas temblando inútilmente mientras su cerebro trataba desesperadamente de averiguar cuál se suponía que era la reacción correcta en una situación como esa.
Su cuerpo, sin embargo, reaccionó más rápido que sus pensamientos.
Cada músculo se tensó.
Adriel, que aún la sostenía, lo sintió de inmediato.
En lugar de apartarse, giró ligeramente la cabeza—deliberadamente—y su nariz rozó la mejilla d