Por un segundo suspendido, el mundo se redujo solo a ellos tres.
Alejandro, Sebastian y ella misma.
El supermercado a su alrededor se desvaneció en un borrón de colores apagados y sonidos lejanos. Todo lo que Daniela podía oír era el frenético golpeteo de su propio corazón contra sus costillas.
¿Alejandro era el padre del niño?
¿Tenía un hijo?
¡Ella había tenido una aventura de una noche con un padre!
El pensamiento la golpeó con la fuerza de un impacto físico, tan repentino y tan impactante que casi le quitó el aliento. Una oleada de calor la recorrió, intensa y punzante, seguida de un frío y persistente temor.
Este no era solo su nuevo y atractivo jefe. Era un hombre de familia.
Esto era un millón de veces más complicado de lo que jamás habría imaginado.
Entonces su mirada cayó sobre Sebastian, cuyo rostro ahora estaba enterrado en su hombro, asomándose para mirar a Alejandro con ojos grandes y curiosos.
Y en ese instante, las piezas encajaron con un vuelco nauseabundo.
Los llamativ