Mientras ellos estaban hablando en el auto y dirigiéndose a un punto seguro, otro pelinegro estaba ansioso porque de un momento a otro tendría a esa mujer en su poder y con ello comenzaría su gran plan para educar a ese niño y hacerlo su soldado más fiel para así poder robarle el trono a su primo.
- Buenos días señor – le saludó uno de los guardias que le habían acompañado y en esos momentos ingresaba a la habitación empujando un carrito con el desayuno.
- Si buen día – le contestó de forma a