Vidar llegó a su despacho, estaba contra el tiempo y todavía debía revisar la agenda, de verdad estar sin una asistente era una total pesadilla para él, ¿Desde cuándo un Dios como él debía estar haciendo ese trabajo tan denigrante? Pero no tiene opción, las mujeres que van por el puesto son unas incapaces.
―Oh, está aquí. ―Vidar alzó la mirada tan rápido que por poco se desnuca. ―Fui por un café. ―Caminó hacia él sin importar su mirada descolocada. ―Tiene una junta a las trece horas, por ahora