―Deberías calmarte, mujer. ―Cosmo gruñó. ―No llegaremos tarde, la salida es en tres horas. ―Kora miró a su marido con gesto serio.
―Si nos hubiéramos venido cuando te lo pedí, no estaríamos apenas aterrizando. ―Cosmo tensó la mandíbula.
―Vale, tampoco te pongas así. ―Desvió la mirada, esa mujer da miedo. ―Te he prometido quedarnos aquí en nuestro hogar, en la manada. ―Kora no sonrió, es justo lo que ella quiere, pero no le dará la satisfacción de bajarle a su malhumor. ―Ahora, no pretendas que