A pesar de mi advertencia, continuó hasta detenerse frente al portal. Apagué el cinturón y agarré el bolso mientras miraba hacia las ventanas. Por suerte, no vi a nadie detrás de las cortinas, aunque eso no garantizaba nada. La señora Martha podía aparecer cuando menos se la esperaba. A veces sospechaba que no dormía y solo esperaba escuchar el ascensor para salir al pasillo.
—Gracias por traerme —dije mientras abría la puerta—. Y por la cena.
—No tiene que agradecerlo.
—Entonces gracias p