Ahí tuve que morderme el interior de la mejilla. Estaban intentando asustarme. Los tres. Con una historia de fantasmas. Y lo peor era que no sabía si sentirme insultada o admirar el esfuerzo.
—¿Y qué hace ese supuesto señor del pasillo? —pregunté, siguiéndoles el juego.
Chloe bajó la voz. —Llama a la gente.
—Por su nombre —añadió Oliver, inclinándose hacia delante.
Liam miró hacia el pasillo y susurró: —Y después se escuchan pasos.
Como si hubieran ensayado el momento, tres golpes sonaron desde