Les entregué la pista y los tres salieron hacia el recibidor. La primera frase decía que buscaran «donde alguien que llega tarde debería mirar antes de salir de casa». Tardaron poco en dirigirse al reloj de la entrada. Y solo me tocó quedarme mirándolos con los brazos cruzados.
—Eso iba por mí, ¿verdad? —pregunté.
Liam levantó el sobre que acababa de encontrar debajo de la maceta. —Tú escribiste las pistas.
—Es verdad. Me he atacado a mí misma.
—Necesitas trabajar tu autoestima —comentó Oli