Pensé en la forma en que hablaba con sus empleados por teléfono, en cómo bastaba una mirada suya para detener a los niños y en la pequeña sonrisa que había intentado ocultar durante la cena.
—Casi siempre —respondí—. Aunque con los niños cambia un poco. Sigue siendo estricto, pero se nota que los adora. Con Chloe se le cae la mitad de la seriedad en cuanto ella lo llama «papá».
—Parece un buen padre.
—Lo es. Agotador como jefe, seguramente, pero buen padre.
—¿Y los niños te han caído bie