La llamada con Barcelona comenzó pocos minutos después y, durante el resto de la tarde, no volví a mirar el teléfono más de lo necesario. El director de la sede quería aumentar el presupuesto de una campaña que todavía no había demostrado resultados, el departamento jurídico seguía intentando averiguar por qué el contrato de Valencia contenía una cifra distinta a la aprobada y Helene Kessler envió una nueva propuesta que, al menos, ya no pretendía mantenernos atados durante ocho años. Nada que