La mañana continuó sin pausas. El equipo jurídico entró con dos abogados y una lista de observaciones sobre varios contratos. Discutimos durante casi cuarenta minutos una cláusula de responsabilidad que, según ellos, era estándar y, según yo, estaba redactada de forma lo bastante ambigua como para causarnos problemas. Al final acordaron modificarla. Después llegó el equipo de Lisboa con una presentación de casi ochenta páginas que podría haberse resumido en veinte. Cuando el director llegó a la