41 - Te escuché, Rman.
DANISHKA.
— Todavía estás herida. — Esas fueron exactamente las palabras que tenían que salir de su boca en este preciso momento.
Se apartó de mí lentamente y me miró, con un brillo inexplicable en sus ojos. Uno que lo recuerdo de aquella última vez que nos vimos e hizo su estúpida promesa, que hoy para él significaría nada.
¿Cómo pude dejarme embaucar por un rostro como el suyo?
Solo era un comodín para su guerra, y ahora su banco personal. Pero, no le daré lo que busca. No le daré el oro que