27 - Mis cicatrices.
DANISHKA.
El trayecto hasta la imponente mansión fue tenso y silencioso. El peso del conflicto con Roman pesaba sobre mí como una losa, y cada vez que miraba hacia él, encontraba su mirada fría y distante, su mandíbula apretada con una furia apenas contenida.
Al detenernos frente a la entrada principal, Roman salió del coche con un movimiento brusco y determinado. Su presencia imponente parecía llenar el espacio a su alrededor, y me quedé en el interior del vehículo, esperando con un nudo en el