Capítulo veintiuno. Delicia interrumpida
Rosa María
Lester recorre todo mi cuerpo con caricias deliciosas, consintiéndome como solo él lo sabe. Es fascinante sentir como conoce mi cuerpo y lo hace vibrar, podría acostumbrarme a esto, pero no puedo porque es un hombre ajeno y los casados nunca abandonan a su familia por la amante. Entonces prefiero disfrutarlo de vez en cuando y sin exclusividad ¡Uno nunca sabe!
— ¡Oh Dios siii! Mas por favor — su lengua es experta en arrancarme gritos y jadeos de placer, tiro de su cabello para que no