Mundo ficciónIniciar sesiónRosa María
¡La noche pinta buenísima! El Caspian triste y melancólico se convirtió en el alma de la fiesta, llamando la atención de todos: hombres y mujeres. Se encuentra bailando en la pista solo una canción de «Vaselina» y se le acerca una chica hermosa con un vestido precioso; juntos dieron el mejor de los shows. Yo estoy bebiendo como un vikingo y río con las payasadas de mi amigo y un tipazo que decidió sentarse en nuestra mesa: un rubio desabrido con un cuerpazo; parece Superman considerando el tamaño de sus bíceps y su enorme torso.
—¿Bailamos, belleza? —miro su mano estirada y niego enérgicamente con la cabeza.
—¿Bailar? Créeme, cielo, no me llevarías el paso jamás —el chico levanta una ceja y sonrío.
—¿O tienes miedo de que te supere? —escupe con toda esa arrogancia que puede meterse en el culo.
El jadeo de mi amigo se escucha por encima de la música.
—¡Yo no haría eso, Frankie! ¡Ella es una vedete, una diva! —el idiota sonríe con suficiencia.
—¿Ah, sí? Pues yo creo que no sabe bailar —me levanto de un salto y me acerco lo suficiente para amedrentarlo o, por lo menos, tratar.
—¿Sabes qué, zopenco arrogante de m****a? —susurro a su oído—. Si voy a bailar, pero nunca lo haría contigo. ¡Estúpido! ¿Y sabes por qué? —negó mordiéndose el labio inferior. ¡Já, granuja!—. ¡Pues porque te dejaría en la lona!
Me giro hacia Caspian y encuentro de frente unos ojos azules que semejan el cielo de un día de verano. ¡Maldita sea, Mike!
—¿Bailamos, mi Amix? —le hablo a mi amigo sin dejar de observar la sonrisa del Adonis y me acaloro; lo siento, pero soy una zorra en toda regla.
—¡Siempre, cielo! ¡Contigo hasta la luna! —Mike levanta las cejas y yo sonrío a Caspian acercándome para besarlo en los labios.
¡Gracias a Dios que tengo un guardarropa en la oficina! Cambié mi vestido magenta ajustado y los zapatos por uno más holgado y cómodo, anudado al cuello, ajustado a la cintura y acompañado de una falda larga semiajustada con una abertura hasta la parte superior del muslo en un tono beige que resalta mi tono dorado de piel —que se acentuó el fin de semana en la piscina del club— en combinación con unos zapatos de corte español, en el mismo tono del vestido, el cabello en un recogido desordenado y ¡listo, la reina de la noche!
Selene le indica al DJ que coloque algo de salsa y, al comenzar la música, mi cuerpo tiembla ante el furor de los ritmos de mi tierra. Mi sangre fluye como lava por mis venas y el calor de mi raza latina sale a flote en un ramalazo de adrenalina mientras comienza a sonar un repertorio clásico de Héctor Lavoe junto a Willie Colón con la orquesta Fania All Star.
¡Y comienza la fiesta latina, señoras y señores!
Mi cuerpo se mueve acompasado al ritmo de la música y me siento en el cielo, aunque sé que mi Amix me acompaña con los pasos correctos ya que hemos sido amigos por demasiado tiempo, nos conocemos desde dentro y sabe que yo soy una bailarina profesional. El Adonis se queda boquiabierto al admirar la belleza del baile; más de una chica lo atavía con miradas sensuales y él solo se encuentra al pendiente de nosotros y la emoción de nuestra perfecta coordinación. Luego de cinco canciones, mi cuerpo entumecido pide ser hidratado. Aún el rubio no sale del asombro y el imbécil hijo de mami que insinuó que no sabía bailar, babea.
Llegué a la mesa buscando una cerveza y Mike me ofrece la suya en un acto de caballerosidad, de pie junto a la mesa con una sonrisa preciosa.
—¡Hey, niño, búscate tu propia zorra latina que yo la vi primero! —no tengo idea de quién golpeó primero al idiota, si Caspian, Mike o yo. Pero cayó al piso y le propiné un puntapié en la entrepierna que su grito se escuchó sobre la música, aparte de pisarle tres dedos de la mano izquierda, por supuesto. ¡Para que no sea cabrón!
Todo se volvió un caos; tal parece que el imbécil es alguien importante y anda no solo armado, sino que tiene guardaespaldas. ¡Andan con gigantes! El negro tira de mi cuerpo por la cintura, la falda se levantó y quedé prácticamente expuesta, pero luché con el gigantón rasguñándole el rostro y pisándolo con mi tacón. ¡Ups, eso dolió! Mi amigo gritaba borracho mientras Mike trataba de arrancarme de los brazos del guarura.
—Con todo respeto, señor, pero el caballero atentó contra el bienestar psicológico de la señorita — ¿quién yo? Desde hace mucho que no lo soy, nene.
—¡Entiendo perfectamente, pero la señorita agredió a mi cliente! —escuché que otro tipo bien vestido le hablaba a mi rubio. ¡Ups! ¿Mío? Sigo borracha.
—¿Perdone? Mi cliente está en todo su derecho de levantar cargos por difamación e injuria. Y eso, Parker, no tendría que recordárselo ya que «su cliente» se ha visto envuelto en este tipo de desavenencias en otras ocasiones —¡uy! ¡cuánta diplomacia! Voy a ponerme cómoda porque, al parecer, estos dos quieren casarse.
Bueno... estar entre rejas no me sienta tan mal ¡ja! Volvería a golpear en la madre al idiota ese que me llamó... ¿cómo fue? No recuerdo, pero... me llamó como no me gustó. ¡Hip!







