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Capítulo dos: Frustración

Rosa Maria 

En la actualidad...

Mientras comparto una mimosa sin licor con mi amigo Caspian en la terraza del pedazo de casucha que mi ex esposo me dejó cuando nos divorciamos, este insiste en que debo cambiar mi estatus social, ya que ahora soy una empresaria en el campo de la belleza y la estética.

—¡Insisto en que debes darte vida de reina, Amix! Te lo mereces, además ¡tienes con qué! —expresa por enésima vez mi amigo.

Mi autoestima se encuentra tan baja que ni siquiera el dinero me la sube. ¡Y tengo muchísimo!

—¿A dónde iré, Amix? —lloriqueaba mientras untaba chocolate derretido a una tostada—. Soy una pobre mujer madura y solitaria, mi vida apesta, ¿sabes? —pronuncié en tono lastimero, untando más chocolate a la misma tostada.

—¡Suelta eso! Te pondrás gorda, deberías cambiar tus hábitos alimenticios para representar tú misma a la empresa —hago un puchero al no poder quitarle el frasco de chocolate para untar—. Además, eres una solitaria porque así lo deseas; te he presentado a mil hombres y ninguno te gusta ¡por favor, deberías decidirte! O en su defecto, quedarnos ambos solos para siempre criando gatos y perros —su rostro era soñador y romántico. El mío era de asco en toda regla.

—¡Ya tengo un culo de gorda! Y además estoy por cumplir cuarenta y tres años, ya no tengo tiempo de amar, ni de escoger, solo de saciar mis más bajos apetitos —lloré desconsolada sorbiendo los mocos bajo la mirada asustada de mi amigo—. Y sabes que no me gustan los animales —lloro otra vez secando mis lágrimas.

—¡Oh, princesa mía! No llores, mi amor, tú eres la mujer más bella que conozco ¡y fogosa además! —lo miré triste—. ¿Qué pasa, mi amor? —preguntó preocupado.

—¡No soy feliz! ¿Por qué no lo entiendes? —asombrado, saltó de su silla para llegar a mi lado.

—¿Rigo te hizo algo, mi Sol? —arrugó el entrecejo y se veía precioso con sus ojos achocolatados, como el que queda en el bote para untar, y su cabello rubio desordenado.

—¡No, es decir… es que no me llena!

—¿De leche?

—¡Caspian!

—¡Entonces no entiendo, nena! Hablábamos de sexo, ¿no?

Su cara de confusión me hizo sonreír; me reí a carcajadas y luego lloré nuevamente. No podría descifrar su expresión: estaba divertido, anonadado y contrariado a la vez. ¡Lo amo!

—¡Es que no sé! Me regala unos orgasmos ricos pero no me siento completa —hago un puchero mientras mi amigo me mira comprensivo.

Rigo es un moreno de treinta y dos años, tiene una contextura musculosa y una piel acanelada que volvería loca a cualquier mujer pero, aunque me regala unos orgasmos deliciosos y envidiables, al parecer no es lo que necesito ya que solo tenemos sexo y además nunca pasamos de dos veces porque los tragos y el cansancio nos vencen. Este moreno es profesor de deportes y dueño del gimnasio al cual asisto, digamos… ¿dos veces por semana?

—Entiendo. Quieres más pero no sabes qué es —es extraño cómo me conoce tan bien. Asiento de nuevo con un puchero.

—Es un desconsuelo que no sé cómo explicar, es decir: Rigo es genial pero no me llena por completo. Últimamente el sexo es normal, no fantástico, además ¡estoy vieja! —expresé de manera cruda y sorbiendo los mocos.

—¿Vieja? Y dale con eso ¡nunca, mi tesoro bajo el mar! Lo que necesitas son más experiencias excitantes ¡Cielo! ¿Qué tal un trío con dos buenorros musculosos? —batió sus cejas rubias de arriba abajo invitándome. Me quedé pensando pero, cuando iba a decir algo, su teléfono sonó y sus ojos brillaron.

—¡Oh, Mike! ¿Qué tal? —su rostro se coloreó de rojo y su voz salió apagada como en un susurro—. ¡Claro, llévalo en… media hora para atenderlo! Sí, está bien ¡bye! —esta vez su voz sonó muy chillona. ¡Está nerviosísimo!

—¿Novio? ¿Enamorado? —quise saber, pero negó; sus ojos brillaron y sonrió avergonzado.

—¡Ay, Amix, un cliente! Pero me tiene volando por los aires… —alcé las cejas y sonreí con suma ternura.

—¡Qué alegríaaa! ¿Ya están juntos o solo es flirteo? —dejé mi silla para acercarme y besarle toda la cara.

—¡Ninguno de los dos! Es mi cliente, su perro es mi paciente y yo muero por sus huesos —hizo una mueca que me mató de risa y caí muy de culo en el piso.

Ambos morimos de risa hasta el momento que se fue al consultorio a atender a su paciente.

[***]

Me quedé pensativa respecto al cambio de residencia. Caspian lleva razón al decirme que lo merezco. Tengo el dinero que me generan las Salas de Belleza y del fideicomiso de las empresas del idiota cara de perro de mi ex, además de la cuenta bancaria millonaria que me dejó y no he tocado; la conservo para cuando le arranque la piel de la cara arrebatándole a mi hija tal como él lo hizo.

Comencé a investigar acerca de las viviendas que se adaptaran a mi presupuesto; encontré unas villas preciosas con un precio excelente. Llamé a Lester Farrow para decirle que estoy pensando en vender este antro y buscar algo más cómodo y holgado.

—¿Princesa? ¡Un placer escucharte! ¿Dime qué necesitas? —somos buenos amigos con un poco de beneficios, por supuesto.

—¡Hola, príncipe! Necesito de tu asesoría en cuanto a inmobiliaria se refiere —dije lo más inocente posible.

—¡Entiendo! ¿Necesitas una cita? —¡es un idiota!

—¡Claro que no! Quiero que nos veamos como amigos —le dije—. ¿Cómo están Sandra y los niños? —mi voz salió en un susurro.

—¡Excelentes todos, nena! ¿Amber ya está contigo? —mi corazón se quebró al escuchar el nombre de mi pequeña.

—¡Solo los domingos! —suspiré entrecortado—. Everest «desgraciado» Thompson, ese maldito quita-hijas me dijo que no podía criarla porque… ¡bueno, ya sabes! —lloré desconsolada.

—Pero... ¿y el abogado que contrataste? —pregunta preocupado por mis sollozos.

—¿Ese estafador bueno para nada y vendido? Everest le ofreció una cantidad exorbitante de dinero y una semana de vacaciones en Las Vegas y huyó como un cobarde. Cada que intento contratar a un abogado lo sabotea ¡quiero castrarlo! —lloro y cubro mi rostro activando el altavoz para poder secar las lágrimas de dolor.

—¡Dios, lo siento mucho, nena! Voy a buscar entre mis abogados para ayudarte —me dice en tono dulce. ¡Es un amor!

—¡Gracias, cielo! —le digo con cariño genuino.

—¡Tranquila, nena! Quiero que sepas que me parece excelente que hayas decidido cambiar de residencia, ese pedazo de casucha no es para ti. Pásame fotos del conjunto residencial para que podamos escoger la que más te guste.

Pasé la tarde mensajeándome con Lester y buscando opciones pero me enamoré de las Villas Paradise en Manhattan; me quedan súper por el trabajo.

—¿Encontraste alguna? —quiero llorar porque no encuentra una desocupada y está full de trabajo.

—¡Aún no, princesa! Dame hasta mañana por favor, tengo un amigo que quizás pueda ayudarme —ahora sí lloro.

—¡Está bien! Un abrazo…

—¿De oso?

—¡Siiii!

—Te amo…

—¡Yo más!

Colgué el teléfono antes de que la cosa se tornara más romántica. Lester fue mi primera vez en todo: sexo, pasión, lujuria y ¿por qué no? Amor. Descubrí que ser perfecta es actuar como deseas y ser, sobre todo, honesta contigo misma. Si hubiese sabido que sería más feliz siendo menos «perfecta», no le hubiese hecho caso a mi madre y ni siquiera me hubiese molestado en casarme y perder quince años de mi vida con un tipo que después descubrí que siempre me fue infiel ¡maldito hijo de puta!

Con ese pensamiento y las ganas de luchar por mi hija, me fui a la alcoba para recostarme y mañana comenzar el día y la semana con buenas expectativas.

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