Esther me abrazo lo más fuerte que pudo, no tenía forma de apartarla de mi así que me tocaba aceptar que entrará a la casa para que por lo menos estuviera algo más tranquila.
-Bien, vamos a entrar para que te tomes algo y puedas descansar-
-¿enserio? ¡Gracias Martín! No sabes cuánto lo agradezco-
Ambos entramos al apartamento, yo fui directamente a la cocina para prepararle un poco de te. Ella se quedó en la sala.
¿Qué estoy haciendo? ¿por qué estoy permitiendo nuevamente que está mujer entre a