—¡Déjala ir! —gritó Damien a su padre, de algún modo esperaba que le obedeciera, pero pronto notó que también tenía los audífonos que usaba Pablo, por supuesto, no iba a ser tan fácil.
Roran soltó una carcajada y caminó hacia donde se encontraba su hijo, pero aún mantenía la distancia.
—Siempre fuiste un poco tonto Damien, ¿en serio creíste que podrías llegar y darme órdenes? Eres patético.
—¡Te voy a hacer pagar por lo que le has hecho! —rugió enseñándole los colmillos.
Dereck observaba con at