La noche que había comenzado como un sueño idílico ahora se retorcía en una pesadilla de proporciones apocalípticas. Damien y Dereck, en un intento desesperado por seguirle el paso a Mía, se dieron cuenta de que incluso para lobos normales, ella era demasiado veloz. La angustia creció en ellos, no solo por la posibilidad de que Mía cometiera algún acto irreversible, sino también por una inquietante sensación de que algo más oscuro estaba en juego en el ambiente.
Cada uno, por su lado, sintió la