Damien no tenía idea de lo difícil que era liderar a tres lupicrías que acababan de descubrir que el mundo no era tan simple como pensaban.
Ewan era el más dócil de todos, y seguía sin chistar las órdenes del lobo, sin embargo, Pablo, Anton y Gale eran otra historia. Los tres estaban comenzando a darle problemas que le causaban fuertes dolores de cabeza; en especial Pablo, quien, según sus propias palabras; no nació para seguir a nadie.
Damien sabía que el recién convertido lobo podía darle ser