Los dos lobos se escucharon entre sí y no pudieron evitar voltear a verse. Dereck gruñó por lo bajo y escuchó que Damien también había gruñido. A ninguno de los dos les agradó lo que escucharon, sin embargo, se miraron con recelo ante las mismas palabras que habían pronunciado.
A pesar de eso, lo que decía la madre de Mía era suficiente para hacerlos poner su atención nuevamente en la conversación que se desarrollaba debajo, ya que ellos presenciaban todo desde arriba.
—¿Crees que puedes hacer