Mía y Dereck se internaron en el bosque en silencio. Caminaron con las manos agarradas hasta que Dereck se detuvo cuando pensó que ya estaban lo suficientemente internados entre los árboles como para tener la suficiente privacidad.
El chico se detuvo frente a ella y tomó un gran respiro.
Mía lo miraba expectante. Su corazón latía acelerado, como si de algún modo supiera que lo que él le diría iba a cambiar por completo el curso de sus vidas.
—Bien, ya estamos aquí. Espero que no me hayas traído