Capítulo 90. La inexorable maldición
Elmira se sentó en la cama junto a Aisha y puso sus manos frente a su rostro, las movió lentamente observándolas, Aisha quedó muy sorprendida cuando vio las lágrimas rodando por los surcos de piedra del rostro de su tía.
Llorar era solo una de las cosas que los hechiceros del Oriente tenían que aprender a hacer de nuevo luego de que eran convertidos en piedra, algo que Aisha imaginó que una mujer tan dura como su tía vería como una debilidad.
—Cómo sabes damos espacio a los miembros de