ISABELLA RODRÍGUEZ
Entramos al camerino improvisado y Gabriel me depositó con gentileza en el sofá. Nunca lo había visto tan preocupado, sus ojos recorrían mi rostro intentando encontrar una explicación a lo que me pasaba. —¿Qué le ocurre? ¿Qué tiene? —preguntó angustiado.
—Ya lleva tiempo con anemia, está siendo difícil de controlar por el trasplante de médula al que se sometió. Si a eso le agregamos el estrés… —dijo María viendo fijamente con desaprobación a Gabriel—. Por favor, necesito pr