Alana.
YOMAL.
—Alana… hija, despierta… —parpadeé varias veces y rápidamente coloqué el brazo en mis ojos, cuando la luz incluso me hizo daño. Ellos ardían, pero la sensación en mi cabeza era peor—. Alana… debemos irnos…
Abrí los ojos de golpe y noté a mi padre agitado, y después de unos segundos, mi hermano entró como si su rostro no tuviera color.
—¡Debemos apresurarnos!
—¿Qué ocurre? —pregunté colocándome la sábana encima y noté en una pequeña mesa de madera, el vestido que tenía anoche, aunq